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Una cerradura, bombillo o cerrojo son los elementos más usados durante el día en las viviendas como en nuestros lugares de trabajo dependiendo de nuestra actividad en el lugar especifico.

La fricción que se produce entre los diferentes materiales con el paso del tiempo pueden verse agravados si no damos a estas piezas un mantenimiento preventivo, que esa fricción sea lo más suave posible evitando así un desgaste precipitado de nuestra cerradura.

Las cerraduras se atascan cuando alguna de sus partes o las llaves se secan demasiado o se oxidan y necesitan ser engrasadas o lubricadas con alguna sustancia.

La solución más frecuente es desmontar el cajetín y pasar aceite o vaselina por las superficies de contacto, con la ayuda de un pincel. Lo conveniente es lubricar las diferentes piezas de manera periódica, sobre todo en el caso de cerraduras que se abren y cierran con poca frecuencia. Los líquidos grasos almacenan partículas de polvo que atascan de nuevo la puerta.

También hay productos en aerosol diseñados de manera específica con este fin. Antes de adquirirlos, conviene leer las instrucciones de uso y las posibles contraindicaciones, debido a que el empleo de un material inadecuado podría dañar el material de la puerta.

Para conseguir nuestro objetivo que no es otro que conseguir hacer un mantenimiento correcto o producir una mejoría en el funcionamiento de nuestra pieza existen tres tipos diferentes de lubricantes cada cual de ellos apropiado para opciones distintas.